El último deseo que Freddie Mercury encargó al gran amor de su vida, Mary Austin, y que ella aún mantiene como un impenetrable secreto

  • El líder de Queen compuso “Love of My Life” en su honor.

Mary Austin guarda decenas de secretos de uno de los artistas más talentosos y enigmáticos de la segunda mitad del siglo XX. Y también un tesoro único: es la única que sabe dónde están los restos mortales de ese músico inigualable que fue Freddie Mercury. Muerto el 24 de noviembre de 1991 en Londres, la mujer tuvo el elevado mandato de preservar las cenizas del carismático líder de Queen y hacer con ellas lo que su voluntad (y la de su ex pareja) le dictaba. Pero, ¿por qué? ¿Qué era lo que desvelaba al autor de “Bohemian Rhapsody”?

Sabía que (el final) se acercaba. La calidad de su vida había cambiado drásticamente y tenía más dolor cada día. Estaba perdiendo la vista. Su cuerpo se debilitó al sufrir ataques leves. Fue muy angustioso verlo deteriorarse de esta manera“, narró Austin, quien además reveló un secreto que fue reservado para aquellos que vieron los momentos finales del genial músico, “murió con una sonrisa en su rostro”.

Los datos inéditos aparecen en el recientemente publicado libro Freddie Mercury: A Life In His Own Words (Freddie Mercury: una vida en sus propias palabras), donde se explicita también el profundo amor que el cantante tenía por la mujer con la que convivió seis de sus mejores años y a quien le compuso uno de los éxitos más resonantes de su carrera: “Love of My Life”.

Solo ha habido dos personas que me han devuelto tanto amor como yo les di. Mary, con quien tuve una larga aventura, y nuestro gato, Jerry”, solía bromear Mercury, quien a pesar de haberse separado de ella luego de confesarle que era gay, siempre guardó por ella un lugar especial en su corazón. “Puede que tenga todos los problemas del mundo, pero tengo a Mary, y eso me ayuda a superarlos… Todavía la veo todos los días y la aprecio como siempre“.

La amaré hasta que tome mi último aliento. Probablemente envejeceremos juntos”, dijo de acuerdo con las páginas de A Life in My…

A tal punto la amó que incluso -cuando Austin ya había rehecho su vida sentimental- la eligió para que la acompañara en su lecho de muerte y la recordó como a ningún otro en su testamento. Le dejó su mansión de Londres y algo más: los derechos por la venta de su música de por vida, incluidas las regalías de la última película, una de las más exitosas de 2018.

Bohemian Rhapsody, el film sobre la vida del genio del rock, arrojó algo de luz sobre la existencia de esta mujer que vive en la capital inglesa y hoy tiene 67 años, a quien además hizo millonaria: Mary ganó más de 51 millones de dólares en regalías por el film.

Austin se enteró tras la muerte de Mercury que había sido incluida en su testamento. Pero no como alguien más. Es la principal beneficiaria de la fortuna del líder de Queen. En mayo de 1992 se hizo público el documento. El músico había dispuesto que ella se quedara con la mitad de sus bienes y dinero. Eso incluía Garden Lodge, la megamansión donde aún vive.

Pero más allá de esos “regalos”, Freddie le encargó algo muy especial a su amor eterno. En sus días finales tuvo un último pedido para quien atendía todos sus deseos. Le encargó que fuera la única que colectara sus cenizas luego de que su cuerpo fuera cremado y que dispusiera de ellas en un lugar tan privado que nadie nunca las encontrara.

Mary cumple hasta estos días esa voluntad letra por letra. En estos casi 28 años nadie supo por boca de ella dónde están los restos mortales del músico nacido en Zanzíbar el 5 de septiembre de 1946. El requerimiento tenía una razón muy clara. Muerto a causa del VIH en 1991, Mercury temía que el lugar donde descansaran sus restos pudiera ser vandalizado.

Durante dos años los mantuvo en su propio dormitorio. Pero un día, sin que nadie supiera hacia dónde iba, los tomó y los llevó a su destino final. En secreto. Como si aún fuera cómplice de aquel hombre que la hacía reír como nadie. Las teorías recorrieron la imaginación de sus fanáticos: retornaron a Zanzíbar; está debajo de un árbol en su mansión londinense, está en el cementerio Kensal Green bajo otra identidad.

Nada. Todo producto de ilusiones o suposiciones hechas de la nada. Basadas en la nada.

No quería que nadie intentara desenterrarlo, como había sucedido con algunas personas famosas. Los fanáticos pueden ser profundamente obsesivos: quería que siguiera siendo un secreto y seguirá siéndolo”, había señalado tiempo atrás Austin en una entrevista con el diario DailyMail. El mandato ordenado por su antiguo amor de los años 70 fue tomado muy en serio. Tanto que ni siquiera los padres de la estrella supieron dónde estaban enterrados. Nadie. El secreto permanecerá por siempre bajo exclusivo conocimiento de esa extraña mujer que supo conquistar a uno de los talentos más enigmáticos del siglo pasado.

Los últimos días

Peter Freestone, su asistente personal (y, ante todo, su amigo), reveló que el músico dejó de tomar la medicación que lo mantenía con vida dos semanas antes de su muerte porque quería “controlar” su enfermedad. El legendario líder de Queen murió el 24 de noviembre de 1991 a los 45 años después de contraer una bronconeumonía complicada por el VIH.

El leal hombre -a quien Freddie llamaba cariñosamente Phoebe-, reveló que el artista “sabía” que moriría. “Decidió dos semanas antes del final que no quería más drogas que lo mantuvieran vivo. Tenía el control, aunque la enfermedad lo estaba matando“.

Ante las cámaras de la televisión británica, habló de su larga amistad con la voz de “We Will Rock You” y sobre su trabajo actual para educar a los jóvenes de todo el mundo sobre el VIH que él dice que “todavía mata” y que “nunca se menciona” en las escuelas.

Fue Jim Hutton -su último novio- quien tomó las últimas fotografías conocidas del líder de Queen. Con una camisa hawaiana que le queda holgada, por su extrema delgadez, y unos pantalones de tiro alto, la leyenda de la música sonríe sin su famoso bigote. Está en el jardín de su casa de Londres en un día soleado y acompañado por uno de sus gatos adoptados. Allí, uno de los pocos testigos fue también Freestone.

El asistente insistió en la importancia que Freddie les daba a sus seres más queridos. “Lo he dicho antes y lo diré para siempre, era el amigo más amable, generoso y leal que alguien podría desear tener. Hacía cualquier cosa por sus amigos, pero sus amigos harían cualquier cosa por él”.

Titicupón